La pobreza infantil se entiende como un fenómeno de naturaleza.
En
los estudios elaborados en el mundo, el término “pobreza” tiene
diferentes formas de verla. Generalmente asociado a una noción de
“carencia o privación”, la mayoría de sus definiciones se han elaborado
más en función de los instrumentos disponibles para cuantificarla,
específicamente en términos monetarios, pero se ha avanzado muy poco en
aspectos de más difícil medición.
Sin embargo, hay consenso
en que la pobreza es el resultado de procesos sociales y económicos con componentes culturales y políticos, en los que las personas se
encuentran privadas de activos (posesión, control y manejo de
instrumentos materiales y simbólicos para el desempeño del individuo
en sociedad) y oportunidades (condiciones que ofrece el medio para
dicho desempeño) a las que tienen derecho todos los seres humanos. La
pobreza se asocia fuertemente con la exclusión social y la
desigualdad, y es resultado de modelos de desarrollo desiguales y de
las estructuras de poder.
El modo en que se concibe y se mide
la pobreza es relevante, ya que a partir de ello se definen políticas
para su superación. En este sentido es importante el consenso acerca
de que la pobreza no es meramente económica (aunque esta dimensión
sea un componente esencial) y que se advierta una nueva forma de
concebirla, como un fenómeno más complejo que va más allá de las
variables exclusivamente económicas.
A pesar de estas nuevas
concepciones, aún son escasos los estudios que integran los aspectos
meso y micro de la pobreza, y su impacto sobre los niños a través de
las diversas organizaciones familiares.

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