Durante los últimos seis meses la oficina de investigaciones de
Unicef ha evaluado el impacto de la crisis económica en el bienestar de
los niños y jóvenes adultos de los países ricos. El resultado es los niños de la recesión,
una fotografía desasosegante de los efectos de la Gran Recesión en los
41 estados de bienestar más desarrollados del planeta. Dicho de forma
simple, la crisis ha tenido un impacto devastador en los menores, los
niños han sufrido más que ningún otro grupo social y las instituciones
públicas de un número demasiado alto de países han fracasado a la hora
de evitar y revertir esta situación.
Lo que es igualmente importante, el sufrimiento de los niños de hoy
evolucionará con rapidez en una carga para el futuro. La pobreza
infantil es una bomba de relojería para los intereses demográficos,
económicos y democráticos de cualquier sociedad inteligente. Incluso
aquellos menos interesados en la pobreza de los niños deberían estar
aterrados ante las consecuencias que se deriven de ella en las próximas
décadas.
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